17 de Marzo, Saint Patrick’s Day
Efectivamente, hoy es San Patricio, el patrón de Irlanda, por tanto, el día de su fiesta nacional. Se supone que fue un misionero que allá por el siglo V llevó la fe cristiana a una Irlanda celta aún pagana.
En España esta fiesta no tiene mucha repercusión, más allá de las fiestas especiales de los bares irlandeses más conocidos. Pero en países como Estados Unidos o Australia son días verdaderamente grandes; comprensible, claro está, porque aunque es la fiesta nacional de un país, también lo es de todos los irlandeses, descendientes de irlandeses y amigos de Irlanda en general, allá donde se encuentren. Es un día para vestir prendas verdes, verdes como los prados esmeralda de la isla que lleva el mismo nombre, enviar felicitaciones, reunirse para beber unas pintas de Guinness y ver los desfiles (como el de Chicago, que es de los más importantes, y donde tiñen el río de verde!).
También es un día para escuchar la maravillosa música tradicional irlandesa, y si se tiene ocasión, poder bailarla en algún ‘céilidh’, o sesión de baile tradicional irlandés. Que vendría a ser la versión popular de lo que a nivel artístico hacen la banda Riverdance (si quieres ver un vídeo de ejemplo, pulsa aquí, a partir del minuto 2 empieza la marcha). Durante el año que viví en Estados Unidos, estuve apuntada en una troupe de aficionados al baile tradicional irlandés, y lo recuerdo como una experiencia preciosa. Me encanta bailar, de todo, yo creo que hasta la música del telediario, y este baile es especial. Tiene mucha fuerza, y a la vez el encanto popular de los bailes tradicionales que desde muy antiguo servían para que hombres y mujeres se relacionaran y se cortejaran. Yo sé que no tienen nada que ver, pero lo comparo con las sevillanas.
La troupe nos reuníamos dos veces por semana, y los fines de semana solíamos ir a distintos locales dominicales de irlandeses a bailar. Era divertidísimo, porque había gente de todas las edades, y los instructores siempre enseñaban a los novatos. Es un ejercicio extenuante, pero divertidísimo.
Ojalá la globalización ayude a que este tipo de baile sea algún día más conocido aquí, como ahora empieza a ser la danza del vientre. Mientras tanto, tendré que seguir contentándome con ver mi rayado dvd de lo mejor de Riverdance y recordar la actuación del año pasado en Dublín, un acontecimiento que me llegó en forma de regalo de cumpleaños…
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