Cuando las lágrimas no son de felicidad

depresion postparto

El día que mi amiga me contó que iba a ser mamá la alegría me inundó, lo mismo que a toda su familia. Ella estaba radiante y su esposo feliz. El embarazo se desarrolló sin complicaciones. Era una futura mamá hermosa luciendo su hermosa panza. Mi cercana amistad hizo que pudiera compartir muchos momentos del crecimiento de esa beba y de esa mamá que no dejaba de hablar de su hija con los ojos iluminados de amor y el corazón palpitando de ansiedad.

El día del nacimiento llegó. Su esposo, un buen amigo también, me llamó emocionado para darme la noticia. Ahí fui corriendo a la maternidad. Las abuelas no dejaban de comparar a cual de sus hijos se parecía mas la beba, entre risas felices. El nuevo papá abrazaba a todo el mundo. Estaban las tías y tíos pegados a la cuna viendo a esa hermosa personilla dormir.

Yo esperaba ver a mi amiga excitada de felicidad. Recordaba el parto y las horas siguientes del nacimiento de mis hijos y cómo explotaba mi cuerpo de tanto amor y felicidad. Pero ahí estaba mi amiga, mi amiga querida que no dejaba de llorar. Recordé haber escuchado sobre la depresión post parto y de que afecta a una de cada diez puérperas, pero igual me sorprendió.

Los días pasaron, ya en su casa con la beba, mi amiga no dejaba de sentirse desgraciada. Era difícil comprender cómo tanto anhelo y alegría se había transformado en ese sentimiento tan desalentador. Pasaba las horas decaída, asustada porque le pasara algo a la nena, pero sin fuerzas suficientes para atenderla. La desesperaba su llanto. Le dolían los pechos y llegó a odiar la hora en que tocaba amamantar. No se sacaba el piyamas en todo el día, se irritaba con facilidad o rompía en llanto. Recién cuando tuvo a su hija en brazos se dio cuenta que esa persona chiquita dependería de ella por mucho tiempo y eso la abrumó, no se sentía capaz de semejante responsabilidad.

Afortunadamente, con la guía de una psicóloga, la contención de su familia, la mía y el amor, la paciencia y la compañía de su esposo, pudo dejar atrás la tristeza y el temor. Hoy, cuando se miran a los ojos con su hija disfruta de ese amor y se siente segura para llevar adelante su rol.


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