Cuidando de mí

 Ayer decidí llevarme todo el día metida en la cama. Llevo unos días resfriada, pero no podía quitarme del trabajo ahora que hay tantas facturas que preparar. Así que como ayer tenía el día libre, me quedé todo el día en la cama, para así no estar peor en Nochevieja y poder disfrutar un poquitín de una de las noches más especiales del año.

Lo mejor de todo no fue quedarme todo el día en la cama sin hacer nada, ni sentir durante tanto tiempo el tacto de las sábanas de franela en mis pies. Lo mejor de todo fue que mi cariño, mi amor, mi vida, estuvo todo el día cuidando de mí. Me trajo el desayuno a la cama, y me dijo que no me preocupara de nada en todo el día, que yo estaba malita y tenía que descansar. Me preparó el almuerzo, y me lo trajo a la cama. Estuvo todo el día pendiente de mí para que no se me olvidara tomarme las pastillas. Al pobre hasta se le rompió un vaso cuando fue a darme una toma… Todo el día allí a mi lado. Me trajo la tele del salón y me la puso en el cuarto. Estuvo todo el día pendiente de mí para que no me faltara nada.

Será mejor que no lo haga mucho, porque si no, me va a acostumbrar mal. Hombre, la verdad es que me lo merecía, porque cuando él cae enfermo, yo le hago lo mismo, porque él se pone muy mimoso. Ya era hora de que me tocara a mí, aunque sólo fuera un día… Así da gusto ponerse mala…


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