Dilema de salud
La idea me ronda la cabeza desde hace un tiempo, pero no me he molestado mucho en ‘investigar’ porque de cualquier forma no sé si ahora me lo podría permitir. Pero le he estado dando vueltas a la posibilidad de contratar un seguro de salud privado.
Al ser mi padre funcionario, siempre hemos disfrutado de las ventajas que tiene el tener uno (hasta que sobrepasé la edad máxima, y volví a la seguridad social –que esa es otra historieta que debería poner en otro post).
Dichas ventajas, principalmente, son la atención casi inmediata de los facultativos, poder pedir cita directamente con especialistas (sin necesidad de pasar inútilmente por el de cabecera a suplicarle un volante y después esperar hasta meses, en algunos casos), pruebas diagnósticas realizadas en un tiempo razonable, nulas listas de espera en intervenciones y una mayor ‘intimidad’ durante el ingreso hospitalario. Lo ideal sería que el sistema público de salud, que pagamos todos, fuese así, pero la realidad es que no lo es. Y si uno quiere todo esto, tiene que pagarlo, desde luego.
También veo sus desventajas, claro, no es que tenga muchas, pero a mí sí me parecen interesantes. Y entre ellas, destacaría que en cuanto a instrumental médico, a ultimísima (y no tan ultimísima) tecnología, la sanidad pública tiene más recursos para poder tenerla que muchos hospitales privados pequeños. Recuerdo sin ir más lejos, el caso de la clínica donde mi madre tuvo a la última de mis hermanos, que le advirtieron de que si había algún tipo de complicación mayor durante el parto, tedrían que salir corriendo al hospital de la seguridad social.
Tampoco me gusta la idea de que muchos de estos hospitales, al ser privados, son susceptibles de tener una ‘estrecha’ relación con la iglesia (católica) y puedan tener posturas ante situaciones o tratamientos sesgadas por creencias que no comparto. O que algunos especialistas, como se ha dado el caso en algunos de fertilidad, que ven las cosas más ‘negras’ de lo que en realidad son, y enseguida derivan a pacientes deseosos de un ‘milagro’ a intervenciones que en algún caso no son necesarias, reportándoles éstas, a ellos directamente o a organizaciones con las que colaboran, pingües beneficios.
Al final, cómo no, sólo podemos concluir que todo tiene su parte buena y su parte no tan buena. A mí me gustaría poder disfrutar de lo mejor de las dos opciones, la verdad.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.






Leave a Reply