El canon digital
Viendo anoche los telediarios y escuchando esta mañana la radio he tomado una decisión: me voy a convertir en pirata. Ya que los señores del gobierno me tienen por delincuente, y ya han decidido castigarme, voy a ponérselo fácil dándoles la razón.
Como ha dicho algún político, supongo que de la oposición, pero realmente me da igual, el canon digital atenta contra la presunción de inocencia, y como creo que efectivamente es así, pues me voy a poner a delinquir inmediatamente, porque resulta que si le regalo un móvil a mi madre, y por casualidad cuenta con mp3, me van a cobrar un canon cuando a mi santa-mamá ni se le pasa por la cabeza hacer ni una copia privada de esas que llaman.
Para ello, previamente tengo que informaros de que nunca he comprado un disco en un top-manta, ni a un chino de esos que lo mismo te venden una rosa que el último estreno grabado de mala manera en un cine. Me niego a participar en ese sistema, donde lo más normal es que te den gato por liebre. Sí reconozco que utilizo los mercadillos, y alguna vez he comprado alguna falsificación de bolsos o calcetines (je, je) pero no he visto a Carolina Herrera todavía manifestándose a las puertas del Congreso, como los que se autodenominan ARTISTAS y lo proclaman a los cuatro vientos.
Debe ser que no les llega para pagar la hipoteca de las casas de Miami y Punta Cana, no te fastidia.
Así que, con mi nuevo ordenador y mi nueva conexión que estoy a punto de estrenar, me he hecho el firme propósito de estar todo el día colgada del emule, y no vuelvo a comprarme un CD, bueno, salvo de mi amado Manolo García.
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