El chocolate, ese obscuro objeto del deseo

Una mujer joven, misteriosa, madre soltera y extranjera -su nombre es Vianne Rocher- llega a un pueblito olvidado en el tiempo de la campiña francesa, Lansquenet, para instalar una chocolatería. El efecto de los chocolates en la población es inmediato, parejas malavenidas se reencuentran, ancianos buscan el amor, enemigos se unen.

Recordaba, de años atrás, esta muy buena comedia francesa protagonizada por Juliette Binoche y Johnny Deep – con la dirección del sueco Lasse Hallström- a raíz de un artículo sobre una investigación que sostiene que el chocolate provoca deseo irresistible, cuando no adicción, en las mujeres.

El estudio sostiene además que, sistemáticamente,  luego del atracón con esa caja de bombones, chocolatines, ramas o similares, sobreviene la culpa. El conflicto, en rigor,  sobreviene por querer evitar comerlos para no engordar, lo que crea un estado de ansiedad difícil, muy difícil de sobrellevar.

La historia del chocolate está llena de fábulas y cuentos sobre su magia y su poder curativo. También sobre las pasiones negativas que incita, como culpa y represión. Su aparición se remonta al imperio de los Mayas, en Centroamérica,  y a un árbol, el cacao, cuyas semillas, secas y pulverizadas, son la materia prima del chocolate.

Los mayas tenían al dios Ykchaua, patrón de los comerciantes del cacao. El Código Florentino, una de las principales fuentes históricas de la vida azteca, denomina al chocolate «bebida de los nobles» y sostiene que debe ser preparado con sumo cuidado debido a su poder. 

Según el estudio, el estrés, la ansiedad, la depresión o cualquier otro sentimiento negativo es el trampolín que nos conduce al consumo intempestivo. Parece ser que este dulce elemento contiene sustancias relacionadas con el amor y el erotismo, como la cafeína y la serotonina, entre otras.  
   

     

Originally posted 2008-10-20 02:43:53.

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