El parto de mis tres hijos

A pesar de que ha pasado mucho tiempo, el momento del parto de mis hijos sigue vivo en mi memoria y en cada cumpleaños de ellos, lo recuerdo. Me gusta rememorar las horas previas a su nacimiento.

Cuando nació Emiliano, nadie me pregunte por qué, pero yo sabía que iba a nacer ese fin de semana. Todavía faltaba un mes para completar el embarazo, pero yo sabía que nacería en esos días. Aunque su papá no me creía, lo senté en una silla y no dejé que se levantara hasta que definiéramos el nombre de nuestro primer hijo.

Él tenía que viajar en unas horas, por su trabajo, así que a la noche, cuando comencé a sentir algunas contracciones, me fui a la casa de mi madre. La inexperiencia, la juventud, y lo que había aprendido en el curso de pre parto, hicieron que estuviera muy tranquila. Cuando las contracciones se hicieron más seguidas, mi hermano me llevó con su auto al hospital.

Él había tenido a su primer hija hacía dos meses, así que sabía bien qué hacer. Todavía me río cuando recuerdo que me llevó por un largo pasillo del hospital, de madrugada, corriendo sentada en una silla de ruedas, haciendo con su boca el sonido de una sirena de ambulancia: Uhaaaa…..! Uhaaaaa! bromeando para que me calmara. Yo estaba muy tranquila, y no dejaba de reír.

Estando internada, sentí ganas de orinar y cuando me levanté de la cama sentí un cálido líquido deslizándose por mis piernas. Pensé que me había hecho encima ! No, se había roto la bolsa. A partir de allí las contracciones se hicieron más fuertes, pero tardó quince horas más en dilatarse el cuello del útero. Cuando finalmente llegó el momento de ir a la sala de parto, lo único que quería era que naciera YA.

El médico me instó a que me incorporara con cada pujo, así que pude ver cuando el bebé asomó su cabeza. Cuando finalmente lo tuve sobre mi pecho, creí que iba a reventar de felicidad !

Tres años más tarde, me preparaba para recibir a Nahuel. Tenía presente que el trabajo de parto no era muy fácil, así que ya no fui tan tranquila al hospital. La naturaleza de mi cuerpo hace que no dilate con facilidad, así que el trabajo de parto fue largo, y algo más duro que con el primer nacimiento.

Ya en la sala de parto, el médico me dijo: "esperamos quince minutos más y si no termina de dilatar, hacemos una cesárea". Yo que no daba más de dolor le dije: "qué quince minutos… quiero una cesárea Ya !!!". Como si fuera adivino, en diez minutos se había completado la dilatación, pero el bebé en vez de hacer fuerza para abajo, para salir, se iba para arriba. Se ve que estaba muy cómodo ! Así que la partera empujaba mi panza para abajo, yo pujando a rabiar, mi muchachito nació. Ya no me importaba nada, él estaba conmigo y yo era feliz!

Como una prueba de que el trabajo de parto "se olvida", quince meses después, en una noche de tormenta, estaba nuevamente contando contracciones. Ya sabiendo mi lentitud en dilatar, esperé hasta que las contracciones fueran tan seguidas e intensas que ya no las podía contar. Durante el trabajo de parto, le conté al médico que ya tenía dos varones, y que la ecografía no había revelado el sexo de este nuevo bebé. Cuando nació Damián, el médico gritó: "otro huevón…!"

Solo fueron tres horas de trabajo de parto, mi gordito estaba conmigo y a pesar de ser la tercera vez, el momento fue único, irrepetible y genial.

Originally posted 2008-09-20 12:27:54.

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