El sosiego es un arma de doble filo

Tengo una amiga que es abogada y me ha dicho que tiene una mitad de su biblioteca con leyes a favor del demandado y la otra mitad a favor del demandante. En materia legal se comprende pero parece que en medicina y en otras ciencias -que antes considerábamos duras, por lo estricto de sus conclusiones – pasa algo parecido.

Mi abuela me decía que no hay como dormir ocho horas como mínimo para estar bien, rendir en el trabajo y en la casa, evitar ojeras (esas terribles aureolas oscuras alrededor de los ojos que aparecen con el cansancio) y, en general, plantarse como corresponde ante cualquier situación de la vida.

Desde hace unos años escucho que ya no se trata de ocho,  sino de entre seis y ocho, la cantidad de horas de sueño que es preciso practicar para andar como un reloj.  Los tiempo cambian. Mi abuela estuvo tuvo casi veinte días de reposo luego de tener a su segunda hija, mi mamá, y ella salió conmigo de la clínica al otro día del parto.

Parece ser que mantenerse inmóvil durante mucho tiempo trae descalcificación y problemas vasculares. Dicen los especialistas que también es pernicioso para la piel, la regularidad de los intestinos  y la consistencia de la musculatura, que adquiere flacidez y pierde potencia.

Lo que si es positivo es descansar profundamente durante el sueño,  no dormitarse en la cama una vez que el celular, la televisión o el tradicional despertador nos dieron los buenos días. Tampoco resulta efectivo para un buen descanso el acostarse cada noche a distinta hora o tomar café o alcohol.

Mi madre, cuando nos quería urgente en los brazos de Morfeo, nos preparaba un tazón de leche caliente. Mi abuela, que pese a los años solía disfrutar del sueño profundo, decía: “problemas y solteros empedernidos, siempre fuera de la cama”.

    
 
 
 

Tengo una amiga que es abogada y me ha dicho que tiene una mitad de su biblioteca con leyes a favor del demandado y la otra mitad a favor del demandante. En materia legal se comprende pero parece que en medicina y en otras ciencias -que antes considerábamos duras, por lo estricto de sus conclusiones – pasa algo parecido.

Mi abuela me decía que no hay como dormir ocho horas como mínimo para estar bien, rendir en el trabajo y en la casa, evitar ojeras (esas terribles aureolas oscuras alrededor de los ojos que aparecen con el cansancio) y, en general, plantarse como corresponde ante cualquier situación de la vida.

Desde hace unos años escucho que ya no se trata de ocho,  sino de entre seis y ocho, la cantidad de horas de sueño que es preciso practicar para andar como un reloj.  Los tiempo cambian. Mi abuela estuvo tuvo casi veinte días de reposo luego de tener a su segunda hija, mi mamá, y ella salió conmigo de la clínica al otro día del parto.

Parece ser que mantenerse inmóvil durante mucho tiempo trae descalcificación y problemas vasculares. Dicen los especialistas que también es pernicioso para la piel, la regularidad de los intestinos  y la consistencia de la musculatura, que adquiere flacidez y pierde potencia.

Lo que si es positivo es descansar profundamente durante el sueño,  no dormitarse en la cama una vez que el celular, la televisión o el tradicional despertador nos dieron los buenos días. Tampoco resulta efectivo para un buen descanso el acostarse cada noche a distinta hora o tomar café o alcohol.

Mi madre, cuando nos quería urgente en los brazos de Morfeo, nos preparaba un tazón de leche caliente. Mi abuela, que pese a los años solía disfrutar del sueño profundo, decía: “problemas y solteros empedernidos, siempre fuera de la cama”.

Amlu Dupin

    
 
 
 

Originally posted 2008-10-27 02:27:28.

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