El vínculo indestructible
El cordón umbilical es el mejor símbolo para describir el vínculo madre-hijo. Es una persona diferente a una, aun cuando está en la panza, pero ese lazo permanecerá a lo largo de la vida, y aún después.
Nace tu hijo y la escala de valores de tu mundo cambia radicalmente. Para él eres abrigo, alimento, seguridad y adoración, expresada en sus ojos cuando amamantas. Empieza a caminar y descubre un pedacito de mundo mas allá de tus brazos. La escuela, sus amigos y sus anhelos parecen ir apartándolo, pero solo en apariencia.
La adolescencia es un despegue más. Se golpea algo mas que sus rodillas, se enamora, tiene proyectos, madura. Nosotras siempre a su lado, acompañando, sosteniendo, sugiriendo, callando y hablando. Tenemos nuestra propia memoria de hija: los abrazos de mamá, su mano sujetando la nuestra, su risa, sus enojos, su paciencia.
También hemos crecido, madurado y decidido por nuestra cuenta aun sin escuchar algún consejo, nos dimos la nariz contra la pared mas de una vez. Así pasará con nuestros hijos. Son nuestros hijos, aunque no son nuestros. No nos pertenecen, no son nuestra propiedad. La vida nos dio la difícil y maravillosa misión de cuidarlos, protegerlos y hacerlos seguros de sí mismos para que sigan la travesía y se repita el ritual de la vida una y otra vez. Pero el vínculo es eterno e indestructible.
Nos toca el tiempo de dejarlos Ser, y en muchos casos, la vida nos encuentra cuidando y protegiendo a nuestras madres, ya mayores. Y cuando se van, como me ha pasado a mi, te das cuenta que no hay edad para sentirse huérfana. Y aunque viven en tus recuerdos, con una sonrisa y hasta con alegría porque tu comprensión de la vida es distinta, las extrañas.
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.






May 4th, 2008 at 9:47 pm
Hola MarInes,
no sé si alguna vez me ha entendido lo que quiero decir con eso.
me encantan toda tu reflexión sobre el vínculo, pero me ha tocado especialmente cuando has dicho “Son nuestros hijos, aunque no son nuestros. No nos pertenecen, no son nuestra propiedad”.
Pensé que nunca encontraría otra persona que estuviera de acuerdo conmigo en este aspecto. A mi mamá la enfadaba mucho cuando le decía eso con 13 o 14 años, que era su hija, pero que no era ’suya’
También me gusta cómo reflexionas acerca del hecho de cómo se siente uno cuando la madre se va…
Un beso!
May 5th, 2008 at 2:13 pm
Hola Nir!
Me alegra saber que coincides conmigo, ya que la “posesión” de los hijos es muy difícil para muchas madres. No es raro que tu madre se enfadara, aunque seguramente, lo que mas le disgustara fuera que se lo dijeras siendo tan chica.
La adolescencia crispa los nervios a cualquier madre/padre, porque es donde se empieza a evidenciar que sus alas empiezan a desplegarse. No solo debes aceptar que crecen, también da temor por ellos.
Yo he tenido grandes diferencias con mi madre, en la adolescencia, que luego se fueron aplacando. Y ya ves, una comprende las cosas de otro modo y definitivamente, cuando no están… extrañas.