Es posible desenamorarse del prícipe azul

Mientras fui niña y adolescente pensé que una encontraba su media naranja, se enamoraba y a partir de entonces todo era felicidad y seguridad. Al fin y al cabo todos los cuentos acababan cuando el príncipe y la princesa se casaban y todas las películas tenían como final a la pareja por fin junta y feliz. Salí con unos cuantos chicos de forma muy inocente y con cada uno me imaginaba cómo sería la vida con él, cómo serían nuestros hijos…(¡y ni siquiera nos metíamos mano!). Pero ninguno duró lo suficiente para creer realmente que él era lo que el destino me deparaba. Por fin, tuve mi primer novio formal y las cosas empezaron a ser como las había imaginado. Estar con él era maravilloso, me sentía guapa, feliz, querida, protegida, fuerte, segura…hacíamos planes juntos, compartíamos secretos, planeábamos una vida juntos, nuestros mundos se convirtieron en uno…y entonces me desenamoré. Lo recuerdo como uno de los momentos de mi vida en los que más desorientada me he sentido. ¡Nadie me había dicho que una se podía desenamorar!

Pues resultaba que los cuentos no acababan cuando el príncipe y la princesa se casaban, ¡empezaban ahí! Me sentí realmente engañada, estafada. Tuve mil dudas ¿el amor eterno no existía? ¿era que no había encontrado a la persona adecuada? ¿sería un problema mío? Aún no conocía a ninguna pareja separada. Me sentía tan culpable por haber dejado de querer a un hombre que me quería, al que mi familia adoraba y con el que me llevaba tan bien. Tardé meses en asimilar lo que me pasaba y romper con él. Seis meses después él ya tenía otra pareja con la que ahora, pasados diez años, aún sigue. Yo tardé cuatro años en volver a implicarme en una relación de pareja seria.

Creo que esto refleja el daño que me hizo el falso romanticismo ¿era yo demasiado inocente o realmente era ese el mensaje que la sociedad transmitía a las niñas? ¿sigue siendo así o ahora ha cambiado? Por supuesto que la desilusión de un niño al que le cuentan que los Reyes Magos no existen no borra los momentos de ilusión que el creer en ellos le ha proporcionado. La diferencia es que en ese caso los regalos siguen llegando igualmente, aunque ahora sean los padres. Pero cuando constatamos que el amor, a veces, se termina, depende de nosotras volver a apostar por él y eso requiere un esfuerzo que tal vez no sería tan grande si supiéramos que no siempre las historias tienen final feliz.

Originally posted 2007-11-29 11:18:23.

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