Espacios

Cuando conocí a mi pareja y nos fuimos a vivir juntos, fue él quien dejó su localidad y sus amigos para venir a vivir a mi zona. Al principio él no conocía a nadie y yo era su puente para establecer relaciones sociales. Recuerdo alguna discusión que tuvimos porque me achacaba que le desatendía. Yo no me daba cuenta de lo molesto que resulta que la persona con la que estás se pare a hablar con sus conocidos y tener que estar de pasmarote esperando a que acabe. Yo, la mayoría de las veces, llevaba bien la situación, sobre todo porque al principio de una relación quieres estar juntos todo el tiempo. Pero con el paso del tiempo me di cuenta de que él necesitaba buscar su propio espacio, para no depender tanto de mí y para que yo tuviera la libertad de hacer mis planes sin sentirme culpable por dejarle solo. Le animé a que se apuntara a cursos y a que participara en actividades en la zona.

Enseguida se hizo amigos y con el paso de los años, sobre todo a raíz de ser madre, yo fui dejando mis espacios para centrarme más en la familia y llegó un punto en que los papeles se habían invertido. Cuando nuestro hijo pequeño ya tuvo edad para dejarnos más libertad, me di cuenta que era yo la que dependía de él, de sus amigos y de sus planes. Y como él había hecho años atrás, le reprochaba que me dejara de lado. Una amiga dice que la vida es muy democrática y que todo lo que tú haces, te lo harán. Esto me sirvió para comprender lo que él sentía cuando dejó todo para venir a vivir conmigo y dependía de mí. Pero también pude colocarme en su lugar y entender lo agobiante que puede ser sentir que alguien depende de ti. De manera que empecé a hacer el esfuerzo de recuperar mis parcelas, pero surgió un problema nuevo: que se nos solapaban los planes. Encontramos la solución poniendo días fijos para cada uno y negociando con antelación las ocasiones que se salían de esos días. También pusimos como “obligación” pasar una velada al mes los dos solos, sin niños y sin amigos, ni familiares. Y de verdad os digo que funciona. Cada uno tenemos nuestro espacio, otro como pareja y otro como familia y así podemos desarrollarnos en todas las facetas, aportar más a la otra personas y ninguno reprocha nada al otro.

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