Inmigrantes

Estos días se habla de inmigración, se hacen diferentes propuestas, se habla incluso de un carné por puntos. Y también se escucha mucho la canción de Chambao sobre los que cruzan el estrecho.
Yo no quiero hablar de política, quiero hablar de personas. Parto de la base de que si vienen aquí, jugándose la vida y dejándolo todo atrás, será por algo, por pobreza extrema y desesperación. No me digáis que no da pena la señora rumana que pide a la puerta del supermercado o los chavales que venden bolsos de imitación. Yo a esa señora la doy 50 céntimos (porque además me vigila a la perra que se queda en la puerta) y me da apuro pensar que pueda haber una mafia tras ella. Quizás sería mejor hablar con ella y preguntarle qué necesita. Pero soy cobarde y calmo antes y más cómodamente mi conciencia con la monedita. Porque el problema son las mafias, los que vienen a estafar, traficar e incluso matar.
Hace años por trabajo fui a recoger a dos chavales marroquíes de una Comisaría, tenían 16 años y habían venido en los bajos de un camión, es increíble. Y de las dos hamburgueserías que hay suelo elegir la regentada por unos chicos sudamericanos, porque atienden igual de bien y además son extremadamente amables. Las camareras o cajeras del este de Europa son encantadoras y guapísimas. Y todos conocemos a alguien que se fue a Francia, a Alemania o a Suiza a buscarse la vida.
La verdad que por aquí no hay mucho inmigrante, no se puede comparar con ciudades grandes o con el sur, pero los que hay es inevitable que generen algo de desconfianza, y también según el color de la piel.
Lo del carné por puntos quizás suene mal a bote pronto, pero curiosamente los primeros días en la prensa se vio a más extranjeros a favor que en contra. Es ahora cuando algunas asociaciones alzan la voz, para mí, tratando de politizarlo todo una vez más. El señor que ha venido a trabajar no le importa que le hagan firmar un contrato, posiblemente incluso le dé seguridad. Es más, para algunas otras cosas (como tener un perro, o incluso un hijo, también debería pasarse un examen). Todos tenemos derecho a conservar nuestras culturas y costumbres, pero siempre que no te metas en la libertad de los demás.
Por eso se entra en un terreno peligroso cuando son los que vienen de fuera, amparándose en patrañas religiosas, quieren cambiar las costumbres de aquí, como aquéllos que pidieron que se abriese una piscina para hombres y otra para mujeres en no sé qué ciudad. Creo que eso ya es pasarse.


You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.

AddThis Social Bookmark Button


Imprimir este post Imprimir este post
Posts relacionados

One Response to “Inmigrantes”

  1. Hola Miska,
    yo creo que somos una inmensa mayoría los que intentamos aplacar nuestras conciencias dando un poquito de lo que nos sobra… bien es cierto que en ocasiones no se puede hacer mucho más, pero supongo que el gesto, aunque pequeño, también nos honra, porque al menos quiere decir que esa gente no pasa sin tocarnos el corazón (y te aseguro que a mucha gente ni se lo roza). Y seguro que cuando vemos la oportunidad de hacer algo más, damos el paso.
    Yo he sido inmigrante, y he convivido con inmigrantes aquí… y la receta es el respeto, siempre dentro de los limites de la ley, claro. Y de los que vienen de fuera, los que no respetan, tienen sus días contados: sus hijos que nazcan aquí muy probablemente ya no actuarán como ellos. Pero ver eso lleva tiempo, como dos o tres generaciones.
    Viva el kebab, el cous-cous, las arepitas con queso y todo lo rico y bueno que nos traen de fuera :)

Leave a Reply

Controlia