Juana Azurduy

azurduyFue una líder revolucionaria que combatió en la Guerra de la Independencia Hispanoamericana. Nació el 12 de julio de 1780 en Chuquisaca, una de las ciudades más importantes de la América española, en el Alto Perú, que pertenecía al Virreynato del Río de la Plata desde 1776, por lo que es honrada su memoria en la Argentina y Bolivia.

A los siete años,  queda huérfana de padre y madre y es criada por una tía paterna, con quien tiene una muy mala relación.  Intentando hacer de la hermosa  Juana una dama ocupada en el bordado y las buenas costumbres, es internada a los diecisiete años en el Monasterio de Santa Teresa, donde permanece solo un año porque siempre cuestionaba la utilidad de la vida en el claustro y sobre el apoyo de la Iglesia a los poderosos.

Vuelve a las tareas del campo y recupera su relación con los aborígenes y los idiomas quechua y aymará de ellos, que tan bien conocía en la infancia.

Conoce a Manuel Padilla, con quien luego se casaría, que por ese entonces integraba grupos que, influidos por la ilustración francesa, planean la revolución. El 25 de mayo de 1809 una agitación popular en Chuquisaca destituye al virrey.

Junto a su esposo Manuel, comienza a participar en las batallas. Eligió compartir su tarea de madre y esposa con la guerra, tuvo cinco hijos en un escenario violento y cargado de hambruna y enfermedad. Supo de la valentía de parir en combate, de defender sus ideales y de la desesperación de ver morir a 4 hijos en una epidemia.

Entre los nativos que formaban parte de su ejército, Juana era enaltecida y comparada con la Pachamama, entre los soldados, la veneraban como a una Virgen. Su valor, su fuerza y su coraje fue imitado por muchas mujeres que compartieron la lucha por la independencia, ya sea como parte de la logística militar, en las armas o como mensajeras y espías.

Juana obtuvo treinta y tres batallas ganadas junto a su ejército de leales, y el reconocimiento del general Belgrano, quien le obsequió su sable favorito y obtuviera para ella el nombramiento de teniente coronel.

Cuando queda viuda y con su única hija, se unió en la defensa del Norte bajo el servicio del general  Martín Miguel de Güemes. Tras la muerte de éste, cae en una profunda depresión y se aleja de las armas. Pasó muchos años reclamando inútilmente a Bolivia sus bienes confiscados. Recién en 1825, el gobierno de Salta le otorgó dinero para su regreso .

Murió a los 82 años en la más humillante miseria, y fue enterrada en una fosa común sin los honores y el respeto que merecía.

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