Jugar con la imaginación
Jugar forma parte del aprendizaje y la imaginación es el mejor elemento constructivo. Hoy en día nos asombramos de que un niño pequeño, de dos o tres años, maneje una computadora, sepa como encender el DVD para ver su película favorita o interprete mejor que los adultos algunos objetos tecnológicos, pero el desarrollo y el estímulo de su imaginación hará que en el futuro tenga mejores herramientas para resolver problemas.
Cuando éramos pequeños, la televisión era el único elemento que nos permitía sentarnos por un rato y simplemente disfrutar del entretenimiento que nos ofrecía. Quién no ha gozado de los dibujos animados! pero buena parte del día jugábamos solos, con los hermanos o con amigos a un sinfín de juegos que creábamos en el momento y duraba horas.
Ya en el tiempo de mis hijos, los videojuegos, los juguetes con batería y las computadoras se fueron incorporando. Pero yo siempre ofrecía la opción de un juego imaginativo antes que la mera opción de observar lo que hace tal juguete. Sobre todo, antes de los diez años, les encantaba jugar con cajas grandes a modo de autos, los cubrecamas eran excelentes carpas de campamento, colgadas entre las sillas del comedor, y se han echado a perder varios lápices fibra tiñendo el agua de colores, en frascos vacíos de mermelada, a modo de laboratorio científico.
Una camisa vieja anudada al cuello era la mejor capa de un superhéroe y los palos de escoba, el mas rápido caballo o una espada invencible. Dibujar billetes en hojas blancas, las latas y paquetes cerrados de la alacena conformaban un supermercado por el que pasaba a hacer mis compras, de vez en cuando. Sí, la casa se transformaba en un lío, y también formaba parte del juego volver todo a su lugar llegado el momento, con el pretexto de hacer un picnic de merienda con una manta en el suelo.
Tengo cuarenta y siete años, y una nieta de nueve meses. Después de tres hijos varones, no veo la hora de que ella crezca un poquito más para jugar a las visitas, con sombreros y carteras. Tostar fideos secos en una sartén para armar collares, disfrazarnos de princesas o participar en lo que a ella se le ocurra crear.
Todos los niños son imaginativos por naturaleza, pero es importante estimularlos, comenzando de muy pequeños con libros de grandes ilustraciones. No puede imaginar una tortuga, si nunca la ha visto, y a partir de allí crear una historia le ayudará a crear otra a él. Así de a poco va estimulando sus conexiones cerebrales y aumentando su creatividad e inteligencia.
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