La discusión del siglo

Ayer tuvimos una gran pelea. No una pelea cualquiera, sino de esas de las que hacen historia. De esas discusiones en las que sacas a relucir cosas del pasado, y dices todo lo que te molesta, lo que te llegó a molestar algún día y lo que siempre te molestará. De esas en las que hablas de "tu madre" y lo mal que va todo…
Nunca me han gustado ese tipo de discusiones, pero una vez que empiezan, no puedes hacer nada por pararlas. Siempre estoy más a favor de discutir las cosas en el mismo momento, y con un tono de voz sereno. Dando voces no se soluciona nada, lo único que hacemos es enfurecernos más. Nos hacemos más daño con las palabras que soltamos, incluso las miradas, los gestos, son distintos a los que usamos en cualquier otra discusión.
Al final, la tempestad pasó. Nos pedimos perdón mutuamente por todo lo que habíamos hecho y dicho (que no fue poco), y lo dimos todo por arreglado. A pesar de que la discusión sea muy fuerte, si hay amor por medio, siempre nos damos cuenta de que nos queremos y de que no somos nadie sin el otro. Eso sí, siempre con el perdón y el respeto en mente, y sin guardarnos nada para la próxima discusión.
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