La elegancia del tacón

Siempre me han gustado los tacones, de todas las alturas, pero sobre todo y por encima de todo, esos de vértigo, de aguja o cuadrados, no importa. Son preciosos aunque, para mi, muy dolorosos. El invierno pasado mi madre me regaló unos zapatos de tacón negros (9 cm de tacón), con punta redonda y una puntilla dorada por el interior del zapato que sobresale un par de centímetros. El tacón es muy curioso, imita a la cuña pero no lo es, lleva su propio tacón que va unido a la parte inferior de la planta del zapato haciendo curva. Ella se compró unos iguales. Hizo lo mismo hace un par de años cuando me regaló unas sandalias de tacón (10 cm) de un color verde brillante y ella se compró las mismas.

He conseguido llevar los zapatos negros con bastante soltura y sin dolor. Al principio utilizaba una especie de almohadilla bajo la base de la parte anterior a los dedos. Era la zona que más me molestaba porque parecía que se me clavaban los huesecillos. Pero las sandalias, aunque me las he puesto en muchas ocasiones, me cuesta llevarlas por el dolor que me producen al rato. Son unos zapatos para estar sentada la mayor parte del tiempo y no andar mucho con ellos puestos.

Se que llevar tacones es contraproducente para la espalda. También me afecta mucho a la tendinitis que tengo en ambos pies y que yo creo que ya es crónica. Pero no me puedo resistir a ponérmelos, hacen unas piernas tan bonitas y estilizan tanto la figura… De todas formas soy moderada y sólo me los pongo en ciertas ocasiones.

Originally posted 2008-01-06 12:11:45.

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