La navidad por fases
Ya están aquí las Navidades. Desde luego la Navidad es una época del año en que nadie se queda indiferente, tanto tiene admiradores y devotos como anti navideños que no soportan estos días de villancicos y regalos.
Yo he pasado por cuatro fases a lo largo de mis 28 años viviendo Navidades:
La fase de la fascinación en la que te crees que papa Noel existe y que los reyes magos te traen todo lo que tu les escribes en una carta, es una época excepcional en la que el día 24 te vas a dormir con un nudo en el estómago nerviosa y ansiosa y al levantarte ves el comedor lleno de paquetitos envueltos con papel de regalo y te vuelves loca abriéndolos todos para descubrir que te han traído todo lo que has pedido.
La fase de la decepción en la que supe que el tal papa Noel no era otro que mi madre y que a la vez también se había convertido en los tres reyes magos y que era ella quien compraba todo lo que poníamos en las cartas. Me seguía haciendo ilusión, pero ya no era lo mismo, esperaba mis regalos sabiendo que nadie iba a entrar por la ventana en mitad de la noche para beberse el vaso de leche que dejaba preparado y comerse mis galletas y que los regalos estarían, pero que no los traería el barrigón de barba blanca.
La fase de la manía. Le cogí una manía espantosa a la Navidad cuando empecé a trabajar, ya que fue en esa época donde empecé a saber los precios tan altos que te hacen pagar por los regalos que piden los miembros de tu familia y me gastaba todas mis pagas dobles en compras hechas en centro comerciales abarrotados y fastidiada por quedarme siempre sin un duro.
La fase de el renacimiento a la felicidad. Esta empezó la primera Navidad que pasé con mi hijo, ya que de pronto fui yo la que me convertí en papa Noel y en los tres reyes magos para comprarle juguetes a mi niño. Y más que entonces ahora, ya que ya tengo dos hijos de edades en las que están en plena fase de la fascinación y eso hace que vuelva a vivir la Navidad emocionada al ver el entusiasmo y los nervios que pasan ellos la noche del 24 cuando esperan con la misma impaciencia que lo hacía yo para ver que es lo que les ha traído el gordito bonachón. Eso hace que vuelva a sentirme protagonista de las fiestas Navideñas. Somos mi pareja y yo los que compramos todo lo que pone en sus cartas, pero no me duele nada quedarme sin mi paga de Navidad cuando veo sus caritas al abrir los regalos que tienen en el comedor. Es encantador!
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