Me voy de “shopping”

Dicen por ahí que ir de compras puede ser terapéutico, sobre todo si habéis tenido un mal día. Otros creen que esta afirmación sólo es una escusa para aquellos que son adictos a comprar. Sea cual fuese el justificativo, para salir de “shopping” hay que saber comprar.

Antes que nada, debemos imponernos un presupuesto límite para nuestras “compritas”, ya sea en efectivo o en la tarjeta de crédito. Luego debemos hacer un inventario de nuestro armario, eligiendo que prendas nos favorecen más y descartando aquellas que no lo hacen; esto nos servirá también para tener en cuenta qué prendas y accesorios nos hacen falta para combinar aquella falda o blusa olvidada en el armario.

No hay que comprar por comprar, o porque el precio es excesivamente bajo. Al momento de comprar una prenda de vestir o un accesorio, debemos tener en cuenta que vaya acorde a nuestra personalidad, a nuestro cuerpo y a las posibilidades de usar la prenda. Por ejemplo, si no somos asiduas a fiestas de gala, cócteles benéficos, o fiestas de presentación, evitemos adquirir vestidos elegantes de fiesta.

El color es muy importante y debemos sentirnos cómodas con él. Si no estamos acostumbradas a usar colores “chillones”, y sabemos que no nos sentiremos cómodas llevándolos, es mejor alejarnos de ellos.

Estar a la moda es fundamental, pero más fundamental es saber que no todo lo que está de moda nos queda bien. Hay que tener presente que la moda también hace diferencia en cuanto a edades, estatura, y la forma de nuestro cuerpo. Unas sandalias de gladiador con hebillas que cubren la pantorrilla, no le quedará bien a una persona con piernas cortas o de mucho volumen.

Saber comprar hace la diferencia y digan lo que digan, ir de compras es todo un arte.


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