Orientación profesional en el instituto
Estos días, miles de estudiantes que han terminado el bachillerato se enfrentan a su mayor demonio: la selectividad, o PAU. Un león, que una vez que has pasado por él, te das cuenta de que no es tan fiero como lo pintan. Y más teniendo en cuenta que el índice de aprobados rara vez baja de 90%, con lo que tan difícil no debe de ser, a fin de cuentas. Todos los expertos dicen que un alumno que haya llevado bien el bachillerato está suficientemente preparado como para no tener que darse un atracón. El problema es si lo has llevado ‘arrastrando’ o si tienes mucha presión para conseguir una nota determinada para poder entrar en una carrera concreta. Que después de todo este sufrimiento, ¿tiene claro el muchacho cuál será esa carrera?
Para mi gusto, aparte de un clasismo tradicional por el que la mayoría de los padres han preferido que sus hijos sean universitarios a trabajadores o estudiantes de formación profesional, hay una evidente falta de asesoramiento en las escuelas e institutos. Yo recuerdo un pretérito supuesto test de orientación profesional que, en mis tiempos, se hacía con 14 años, y te iba diciendo si podías ir más encaminado a diferentes ramas de las ciencias y las letras. Ignoro si eso se sigue haciendo, pero tampoco sé muy bien cuál era el propósito, aparte del anécdotico. Porque con 14 años no sé mucha gente tiene muy claro hacia donde quiere encarar su futuro profesional. Pero durante el antiguo COU no recuerdo que en ningún momento hubiera alguna especie de llamada a pensar en el futuro, a qué quieres hacer, qué salida profesional tiene, y si en último término, es viable.
Yo no estoy a favor de que se limite por medios externos la llegada a la universidad, por medio de exámenes más difíciles y mucho menos aún por medio de subidas en las tasas, como a alguno se le ha ocurrido (a río revuelto, ganancia de pescadores). Creo que deberíamos hacerlo cada uno a título personal. Si un chico o una chica no tienen una clara devoción hacia un estudio universitario y aptitudes suficientes para que sea fructífero, habría que plantearse cuáles son las opciones. ¿Por qué todos los padres quieren que sus hijos sean universitarios? Hace muchos años era casi un seguro de vida, porque había muy pocos y había trabajos adecuados a su titulación, amén de convenientemente remunerados. Además era un llegar donde no habían llegado ellos, como si eso les diera más prestigio –a los niños, y a toda la familia- que ponerse a trabajar con las manos –como muchos de aquellos padres esforzados- o a aprender un oficio. ¿Por qué muchos chicos quieren ser universitarios? Yo siento ser tan cruel, pero habiendo sido universitaria yo misma, creo que puedo afirmar con cierto criterio que muchos lo hacen para darse la vida padre durante X años y posponer la opción de madurar y trabajar para mantenerse a uno mismo todo lo posible. Que es lo que pasa cuando papá paga, pero yo no apruebo ni una (o una) pero al año siguiente mi padre sigue pagando. Y al siguiente y al siguiente (no le vayamos a decir que pruebe a buscarse un empleito, no sea que coja un trauma…) ¿La culpa es del niño, o es del padre? Como la respuesta es muy incómoda, se la echamos a la sociedad (ese gran abstracto), que es la responsable cuando los individuos preferimos no asumir nuestra parte en el asunto.
Se suele decir “Que Dios reparta suerte; porque como repartiera justicia…”
You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0 feed. You can leave a response, or trackback from your own site.






Leave a Reply