¿Sabemos elegir pareja?

Cuando me planteo esta cuestión no estoy pensando en verdad en los diversos ligues que podemos o no tener a lo largo de la vida, sino en la persona a la que en un momento dado acabamos poniéndole la etiqueta de ‘candidato a definitivo’. Y me hago esta pregunta a raíz de tantas y tantas parejas que he conocido que acaban en un fracaso espantoso, por cuestiones que mucha gente a su alrededor podían decir que ’se veía venir’.

¿Nos planteamos qué es lo que verdaderamente queremos, a la hora de elegir a una persona con la que compartir -a priori- el resto de nuestra vida? Yo llego a la conclusión de que mucha gente no se hace demasiadas preguntas, muchas de ellas quizá incómodas, pero necesarias. Acerca de sí mismo, y del otro.

Todos tenemos virtudes, y no menos defectos, que el otro tendrá que saber llevar, pero ¿hasta qué punto? Porque se suele decir que no hay que ser iguales para poder convivir y ser felices, pero ¿no es posible que haya diferencias que, a la larga, cuando pasa la primera época del enamoramiento, nos haga ver que es imposible? Hablo por ejemplo de concepción del dinero (quién despilfarrador, ahorrador o tacaño), de las prioridades (trabajo, familia, dinero, vida social…), de la responsabilidad y/o ganas de fundar una familia, del respeto al otro. Pongo un ejemplo: un/a chica/o que tiene muchas ganas de ser madre/padre, con una pareja que no le gusten los niños (por la razón que sea). ¿Tienen algún futuro? Yo creo que no, excepto que uno de los dos ceda en un aspecto que, lo más probable, es que a la larga le haga infeliz, además de que habrá terceros que paguen las consecuencias de esa infelicidad.

Yo creo que las mujeres más que los hombres tendemos a pensar que el otro cambiará, o que nosotras mismas seremos capaces de cambiarle con el tiempo, y me parece que ese el engaño más frecuente en el que se cae. Algunas personas evolucionan a mejor por sí mismas, quizá porque ellos se dan cuenta de que es mejor. Pero en general una conducta que nos  plantea, aunque sea una pequeña duda, tiene su base en algo real, y si nos tememos que en un futuro pudiera dar problemas, casi seguro que lo hará. Si tu pareja te insulta o te falta al respeto de cualquier forma, es casi seguro que nunca irá a mejor, más bien al contrario. Todos tenemos una responsabilidad al decidir qué queremos y qué no queremos a la hora de elegir una pareja. Ser tan exigente con los demás como se es con uno mismo debería ser una máxima.


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