Somos más exigentes…o no sabemos lo que queremos?
Envueltas en una bandera feminista reclamamos igualdad. Hemos aprendido a valorarnos, aunque creo que no mucho todavía. Nos hemos demostrado a nosotras mismas que somos y podemos más, de lo que ancestralmente se esperaba de nosotras.
Somos independientes, valientes y decididas. Antes nos conformábamos con un marido, ahora queremos un hombre! Pero en definitiva, a pesar de nuestra evolución, todavía esperamos al Príncipe Azul!! y al mismo tiempo sabemos que, como dice la escritora Gabriela Acher : "el príncipe azul, destiñe en el primer lavado…"
Queremos un hombre:
- Que esté en casa, pero no todo el día.
- Físicamente agradable, pero tampoco un modelito.
- Que sea seductor, pero no mujeriego.
- Que tenga dinero, pero que no sea adicto al trabajo.
- Que no sea avaro, pero tampoco derrochador.
- Protector pero que no asfixie.
- Romántico pero no pegajoso.
- Paternal pero no autoritario.
- Que sea sociable, pero nunca los amigos primero que una!
- Que tenga auto, pero que no lo cuide tanto.
- Intenso sexualmente pero no insistente.
- Que le guste la familia, pero que se acuerde poco de su madre.
Tenemos que reconocer que nosotras también "tenemos lo nuestro". Decimos que el que no está casado, es un solterón insoportable, que enloquece si le corres dos centímetros el cenicero; están los separados deprimidos o los divorciados rencorosos y no faltan los gay reprimidos. Lo cierto es que somos muy exigentes. Existirá el hombre perfecto?
En definitiva, la convivencia es como un cuento, donde tarde o temprano la bella princesa se transforma en bruja, y el príncipe azul, en sapo.
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