Tu familia y mi familia

Las comparaciones son odiosas, todos los sabemos y, sin embargo, no podemos evitar hacerlas. Es como cuando te duele una muela y no paramos de tocarla a pesar del dolor que nos produce. Nosotras conocemos a nuestra familia, a nuestros padres y a nuestros hermanos. Los conocemos desde siempre, llevamos toda la vida con ellos. Aún así, hay veces que nuestras actitudes se nos escapan de las manos. Tenemos un padre o una madre que nos desquicia y a quien le seguimos el juego.

Es entonces cuando te desahogas con tu pareja y le cuentas cómo te sientes. Es inevitable que esa persona quiera el bien para ti y se ofenda cuando tu estás ofendida. Más claro: le duele que te hagan daño. Así caemos muchas veces en el error de hablar mal de la familia del otro. Craso error. No pasa nada si yo digo de los míos que son tal o pascual, pero que lo diga otro mientras yo estoy delante es intolerable. Y entonces nos sentimos dolidas doblemente.

Ahora, si nos ponemos en el caso contrario, el daño es el mismo. Tu pasas ratos con tus suegros y cuñados. Y empiezas a tener opiniones. Pero mejor que te las calles. Habrá que escuchar lo que dice tu pareja de su propia familia y tener el máximo cuidado con lo que decimos, para no hacer daño.

En definitiva, se trata de hacer las cosas con tacto. De como dice mi novio no meternos en lo que no nos incumbe ni hablar y dar nuestra opinión acerca de todo lo que pasa a nuestro alrededor. Nadie conoce la verdad absoluta ni lleva la razón al 100%.


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