Un corazón no es para siempre
Cuando uno se enamora de verdad, siempre piensa que durará eternamente, al menos eso es lo que todos queremos. Pero a veces ese encantamiento que nos envuelve cuando estamos enamorados desaparece; a veces al mes, al año, a los cinco años, antes de casarnos o incluso cuando ya estamos casados y hasta tenemos hijos. Si bien a la pareja hay que cuidarla para mantenerla siempre a nuestro lado, también es verdad que a veces no podemos hacer nada, y la relación se rompe aunque tú te hayas esforzado por mantener la llama viva.
Si la relación se rompe después de un mes juntos, es poco tiempo. En muy poco los dos lo habrán olvidado, y podrán volver a disfrutar de esa sensación. Si la relación dura más, unos años, entonces se hace algo más difícil, pero también se puede sobrevivir a la separación, podemos volver a sentir ese cosquilleo.
Pero cuando ya hay hijos de por medio se hace mucho más difícil. Una vez estaba comiendo en una hamburguesería y vi a un padre almorzando con su hija. La pequeña le preguntó a su padre cuándo podría ver a su papá y a su mamá juntos. A mi se me rompió el corazón.
Dos personas que se han querido tanto, que han engendrado hijos porque es la consumación total del amor que se tienen, ¿cómo pueden llegar a odiarse tanto como para que su hija no los pueda ver juntos, o que vea cómo sus padres se tiran trastos cada vez que se encuentren?
Mi sobrina vendrá a la boda, y no quiere que la sentemos en la misma mesa que a su padre. Ella ya es mayor y ha visto cómo su padre ha tratado a su madre, y viceversa, y odia a los dos por haberla hecho tan infeliz.
Creo que hay muchas formas de sobrellevarlo. La última es el odio entre los padres. Aunque la relación se haya estropeado, por la causa que sea, sea la culpa de quien sea, no debería haber ese odio mientras haya hijos. Ellos, ni tienen la culpa ni se lo merecen.
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