Volver al campo
He vivido a caballo entre ciudades de tamaño medio (50.000-120.000 habitantes) y pueblos de no más de 3.000. Las grandes ciudades me pueden, me agobian hasta el extremo. La que tengo más cercana es Madrid, y no entiendo como la gente puede vivir allí (y no quiero ofender a los madrileños: no digo que es ni bonita ni fea, ni buena ni mala). Comprendo que la gente que ha nacido y se ha criado allí es lo que conoce y está acostumbrado; pero me parece que la gente de otras ciudades y pueblos lo debe pasar bastante mal tratando de adaptarse a ese paisaje y a ese ritmo de vida. De hecho, conozco mucha gente que ya se ha ido porque no aguantaba más y alguno más que está deseando coger la oportunidad para irse…
Mi marido y yo siempre hablamos de lo genial que sería poder escapar a la convencionalidad y comenzar una nueva vida en un entorno rural. Sobre todo nos sedujo la idea en nuestra visita a los últimos hospedajes rurales en los que hemos estado. Tener un pequeño negocio (hostelería, artesanía, agrícola -aunque éste es muy difícil hoy en día), que te de para vivir, sin ánimo de hacerse rico, teniendo la oportunidad de vivir en un entorno natural y tranquilo, donde poder formar una familia y tener tiempo para disfrutar todos juntos. Donde no hay ruidos, ni contaminación, donde se pueda acceder a una alimentación más natural…La pega que yo le veo es que ninguno de los dos tiene mucha mente empresarial, y no sé si eso puede llegar a forjarse J a mí la verdad es que me encanta aprender cualquier cosa nueva, y estaría dispuesta a lo que fuera, igual que él.
En el campo (o fuera de la ciudad) no todo es idílico, y un gran inconveniente suele ser la distancia hasta los grandes núcleos urbanos cuando uno necesita acceder a servicios, como los sanitarios, por ejemplo, que son los más básicos. Pero claro, todo no puede ser perfecto
El otro día volví a recordar este tema a raíz de un programa que vimos en Telemadrid, acerca de madrileños (y no madrileños) que habían decidido dejar la gran ciudad por el campo, y sinceramente, a mí me daban mucha envidia. Sana, pero envidia. Porque hay que ser muy valiente y emprendedor para tomar semejante decisión. Ninguno pensaba dar marcha atrás en su decisión.
Para los que estéis interesados, hay varias organizaciones que se dedican al soporte y ayuda de los ‘reconquistadores’ del campo, y una que me ha llamado especialmente la atención es la de Abraza la tierra. Si uno va en serio, ahí puede lograr el apoyo necesario para al menos dar el primer paso.
Desde la revolución industrial, el viaje hacia el progreso y la mejora de vida era la huída hacia la ciudad, en búsqueda de una oportunidad de salir de la esclavitud que representaba el campo. Pero en ese viaje de ida sin vuelta creo que hemos perdido nociones importantes acerca de nosotros mismos y del mundo que nos rodea.
¿Y si el futuro residiera allí?
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